Todos a la casilla de salida
La revolución tecnológica que nos tiene a todos descolocados
Estoy, creo que, como todo el mundo en la industria, en un impasse que no sé exactamente cómo explicar, pero estoy seguro de que me entenderéis, por muy mal que lo haga. Por suerte, llevo muchos años ya en el sector y muchos más en el mundo de la informática y el desarrollo de software, pero nunca me había sentido así. Vivimos en un mundo que cambia muy rápido y en el que, si queremos ser competentes, tenemos que estar siempre aprendiendo y adaptándonos. Ya no solo a las nuevas tecnologías, sino también a los nuevos procesos y a las nuevas formas de trabajar.

La llegada de la computación ha sido, sin duda, una de las mayores revoluciones de la humanidad. En su corta vida —a escala histórica— ya hemos vivido varias revoluciones internas: Internet, la web, el móvil, las redes sociales, la nube… y ahora, la inteligencia artificial. A estos fenómenos siempre se les ha llamado “disruptivos” o “la nueva electricidad”. Y es cierto. Son sacudidas que mueven los cimientos de la sociedad y de la economía. Y el que no se adapta muere.
Es inevitable. La humanidad siempre ha tenido que adaptarse a los cambios: la agricultura, la rueda, la imprenta, la máquina de vapor… Pero en esos casos, tuvimos cientos o miles de años para asimilar el cambio. La globalización y la velocidad de la innovación han reducido ese tiempo de adaptación hasta el punto de obligarnos a mutar en cuestión de pocos años, o incluso de meses.
La inteligencia artificial ha llegado para quedarse y penetrará hasta en los rincones más insospechados de nuestras vidas. Lo permea todo. No hay vuelta atrás. El Balrog ya está fuera de la mina y no hay forma de volver a encerrarlo —Run you fools!—. Cuanto antes aceptemos esta realidad, antes podremos adaptarnos y pasar página.
En el entorno profesional, la IA ya ha cambiado las reglas. Las empresas que tenían una ventaja competitiva consolidada ahora ven cómo el tablero vuelve a nivelarse. Un jugador más ágil y que se adapte mejor puede hacer muchísimo daño a quienes eran “aventajados” en el tablero antiguo. Esto no es una predicción. Es la realidad de hoy.
Un ejemplo de este cambio de paradigma es StackOverflow. Durante más de una década fue el “manual de instrucciones” del mundo informático. Sin embargo, desde la disrupción de ChatGPT y Copilot, su tráfico ha caído hasta prácticamente cero. Lo que antes era una ventaja competitiva —tener la comunidad de expertos más grande y mayor base de datos de resolución de problemas— se ha visto desafiado por otros modelos de la noche a la mañana. No han tenido capacidad de reaccionar.
Así que estamos obligados a ponernos las pilas y pivotar. Y hacerlo cuanto antes. Y... ¡joder, qué puñetero coñazo!
Cuando uno trabaja en casa con estas herramientas, todo es alegría. Puedes “escupirle” a Copilot o Claude ese montón de ideas felices que antes se te ocurrían y luego ignorabas porque no tenías tiempo de desarrollarlas. Y de repente, tienes un montón de código que corrobora que tu idea era realmente una mierda. ¡O no!
Pero cuando intentas implementar esto en un entorno corporativo, la cosa se complica. No es tan fácil como dar licencias a los empleados. El objetivo está claro: mejorar la productividad y la calidad. Pero la realidad es bien distinta:
El departamento de Seguridad tiene una postura contundente sobre los riesgos de exposición (y con razón).
El de Legal tiene reservas sobre la propiedad intelectual y la cesión de datos (y con razón).
El de Finanzas no ve claro el ROI y la necesidad de contratar con tantos proveedores (y con razón).
En Ingeniería tenemos que lidiar con entender la fragmentación de los distintos tipos de herramientas, integraciones y formas de trabajar…
Pero al mismo tiempo, en esos mismos departamentos hay personas que quieren usar la IA en su día a día. Es un lío. Pero esa es la parte “divertida”: hacer entrar en razón, acercar posturas y admitir que el sector nos demanda que nos pongamos de acuerdo.
La parte menos divertida es la incertidumbre técnica en ingeniería. No se trata solo de elegir entre Copilot o Cursor. El problema radica en cómo integrarlas en el ciclo de vida del software. Si hablas con los desarrolladores, cada uno tiene su setup , cada uno más alambicado y variopinto que el otro. Si hablas con los managers, cada uno tiene su propia visión de cómo deben ser los procesos.
Y si hablas con colegas de otras empresas, resulta que todos están en el mismo punto. Nadie tiene una solución definitiva. Algunos tienen montajes de “cartón piedra” que no hay forma de escalarlos, ni siquiera para un puñado de ingenieros. Otros tienen procesos más definidos, con agentes, skills y prompts estandarizados, pero nada que digas: “¡Esto me encaja al 100%!”. Todo lo contrario: cuando crees que tienes una solución, al día siguiente brotan las dudas como setas.
Tengo la suerte de estar cada día con Félix López y Fran Moreno discutiendo cuál será nuestra estrategia. Hay días en que damos pasos firmes al frente y otros en que nos entran dudas. Otros días, algún colega nos aporta algo de luz en la oscuridad. Y otros días nos tiran un jarro de agua fría por la espalda. Pero vamos avanzando y creo que estamos llegando a una postura sólida sobre el uso de la IA. Y abrazar la incertidumbre es inevitable para poder progresar, a pesar de que queramos tomar decisiones lo más objetivas posible.
Ese es el impasse en el que estoy. El impasse en el que estamos. De vuelta a la casilla de salida —y sin cobrar los 200 pavos—, mirando al horizonte e intentando averiguar por dónde tirar antes de que nos coman la tostada. Es frustrante, pero también emocionante navegar otra ola más de este mar tecnológico que nos ha tocado vivir. Saldremos de esta, pero no sé si mejores.
¡Muchas gracias por leerme!



Efectivamente, así estamos todos, en la casilla de salida pero los 200 pavos se los lleva Anthropic :-D
Ya más en serio, yo creo que esa nivelación es a ojos del cliente o del usuario final. Con la IA hay ahora un efecto Dunning-Kruger generalizado y muy bestia. Mucha gente cree ser capaz de construir una arquitectura compleja (mediante IA), y el cliente tampoco le da mucha importancia al ROI y como puede afectar la arquitectura al mantenimiento y extensión de los proyectos sino sólamente a la velocidad de implementación y al precio. Es una huida hacia delante, esperando que en un futuro la propia IA sea capaz de arreglar el desaguisado. Y sí, para casos concretos y pequeños, la IA puede ofrecer buenas soluciones, pero para cosas más complejas de momento no es válida.